
El antiguo rito
En la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro hoy se observa una puerta de bronce. Anteriormente no existía. En los años que no eran jubilares había un muro que impedía pasar por ahí.
Al inicio de cada Año Santo se derrumbaba ese muro, permitiendo el paso para lucrar la indulgencia plenaria. En esos tiempos se colocaban una puerta de madera por la noche, cuando no se permitía la visita de peregrinos.

En el jubileo de 1950, siendo papa Pio XII, se colocó la actual puerta de bronce en ese lugar. Esa puerta se puede observar desde el exterior, pues por el interior de la Basílica se observa un muro en los años no jubilares.
Por ese motivo, desde 1500 y hasta 1950 el rito de clausura de la Puerta Santa no consistía en cerrar las dos hojas de la puerta, sino en levantar el muro.
En este rito, el Santo Padre bendecía con agua bendita los ladrillos usados para clausurar la entrada. Esos ladrillos tenían grabados el escudo de armas del papa.
La construcción del muro la iniciaba el papa, quien colocaba ladrillos y argamasa con una paleta ricamente decorada. Después, los albañiles continuaban con la labor.
En el interior del muro se colocaban algunas monedas. Al inicio las monedas simplemente se insertaban en la mezcla. A partir de 1575 se ponían dentro de un cofre metálico en el que también se colocaban las llaves de la puerta y un pergamino en donde se hacía constar la apertura y clausura del Año Santo. Este cofre se colocaba en el centro de la pared, y se dibujaba una cruz para indicar el lugar en donde se encontraba.

El rito tras 1975
A partir del Jubileo de 1975 el rito de clausura de la Puerta Santa se modificó. El papa ers el último en pasar por la puerta, tras lo cual se limita cerrar sus dos hojas.
Después, se lee el pergamino en el que constaba la apertura y clausura del Año Santo. Ese pergamino, junto con monedas y las llaves de la puerta, se colocaban dentro de un cofre de bronce. Hecho lo anterior, el papa celebra la santa misa.
En los días posteriores se levanta un muro de ladrillos en la parte interior de la puerta, en donde se coloca el cofre de bronce. Ese muro será derribado en los días previos al siguiente Jubileo, que se estera sea uno extraordinario en 2033, con motivo de los dos mil años de la Redención. El siguiente jubileo ordinario será en 2050.
El último Jubileo del año 2000, fue clausurado el 6 de enero de 2001. En la Basílica de San Pedro se levantó una pared con 4,000 ladrillos que tenían una inscripción en latín con el nombre del papa así como la fecha del año santo. También se colocaron tres ladrillos dorados con el escudo de armas de san Juan Pablo II. Dentro se introdujo una urna de bronce que contenía una medalla de oro del vigesimotercer aniversario del pontificado de Juan Pablo II, 23 monedas de plata correspondientes a los veintitrés años del papado y 17 monedas de bronce que conmemoraban los años transcurridos desde el último jubileo. En el lugar en donde se colocó el cofre se trazó una cruz que indicaba el lugar en donde se encontraba.
Ese muro fue derribado en 2015, para el inicio del Jubileo de la Misericordia. Tras su clausura en noviembre de 2016 fue levantado un nuevo muro, que estuvo en pie hasta diciembre del año pasado, que se demolió para la celebración de este Año Santo.
El rito en el Jubileo de la Misericordia
El Santo Padre se dirigió en procesión hasta la Puerta Santa, mientras se entonó el Himno del Jubileo de la Misericordia. Al llegar, inició la celebración con la señal de la cruz. Después, hizo tres invocaciones: una referente a cada Persona Divina. Tras ello, dirigió el saludo al pueblo.
Luego, dijo una oración, a la que todos responden “Amén”. Concluida, se acercó a la puerta mientras se entonó la antífona “O Clavis David”. Luego, el papa se paró en el umbral de la Puerta Santa y oró en silencio unos momentos. Al final, cerraró las dos hojas de la puerta.
Una vez cerrada la puerta, inició la procesión hacia el altar, en la Plaza de San Pedro. El Pontífice llegó al altar, lo veneró, y lo incensó. Se dirigió a la Sede, y la Misa continuó con el Gloria, prosiguiendo como de costumbre hasta el final.
