El Manual de liturgia

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PiedraDeAltar26

En la tradición litúrgica de la Iglesia romana, se ha pedido que la mesa sobre la cual se celebra el Sacrificio Eucarístico sea de piedra, pues el altar representa a Cristo mismo, la Piedra Viva (1 Pe 2, 4), y que, además, esté consagrado por el obispo.

Esta exigencia conllevaba problemas para los misioneros y para los capellanes militares que se desplazaban a lugares en donde no había altares de piedra consagrados por el obispo, además suponían la complejidad de construir en piedra. Todo eso se resolvió con las piedras de altar o aras (petra altaris o ara).

La piedra de altar es una losa de piedra natural, del tamaño mas o menos de un libro, sobre la que debe caber la hostia y el cáliz. El anterior Código de Derecho Canónico, el de 1917, disponía que “la piedra sagrada tendrá tal extensión, que al menos quepan en ella la hostia y la mayor parte del cáliz” (c. 1198 §3)

Esta piedra tiene cinco cruces incisas en la superficie superior de la piedra, simbolizando las cinco llagas de Cristo, además de una pequeña cavidad tallada en la misma piedra donde se albergaba el cofre con las reliquias de mártires o santos (el sepulcro) acompañadas del acta de consagración, que se tapa mediante una cubierta de piedra (operculum) y se sella con argamasa o cera.

Durante la celebración de la misa se colocaba sobre la mesa y encima se disponían los manteles. Sobre esta piedra es que se extendía el corporal, de modo que la hostia y el cáliz reposaran estrictamente sobre la superficie de esta piedra consagrada, la cual constituía el altar sensu stricto.

Con la reforma litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II y la promulgación del Ritual de la dedicación de iglesias y de altares (RDIyA), la normativa ya no exigió el uso de las piedras de altar para celebrar la misa. Los altares fijos (que se dispone que es preferible que sean de piedra) se dedican; y los móviles, se bendicen. Pero para celebrar fuera de un lugar sagrado basta con emplear una mesa digna cubierta con un mantel y el corporal, sin que sea preceptivo el uso de la piedra de altar.

Sábado de la XXV semana del tiempo ordinario
O bien: santos Cosme y Damián, mártires (memoria libre)