Cuando un obispo se dirige a celebrar una acción litúrgica conforme a la forma estacional debe ir vestido con el hábito de coro.
El obispo puede ser conducido por los algunos clérigos vestidos con el hábito coral, o puede llegar a la puerta. En ambos casos, el obispo siempre camina delante y después los clérigos de dos en dos. Pero si es un arzobispo, avanza primero un acólito que lleva una cruz con doble travesaño.
Cuando se recibe a un obispo en su catedral, al llegar a la puerta, la primera dignidad del capítulo o el rector del templo, le presenta la imagen del crucifijo para que la bese. Esto sucede también cuando se recibe al papa en un templo.

De no ser el caso anterior, al llegar a la puerta del templo (o después de que besó el crucifijo), el más digno de los presbíteros le entrega al obispo el acetre y el hisopo. El obispo, con la cabeza descubierta, se aspergea a si mismo y después a los presentes. Si se va a celebrar la Misa y en ésta se hará la aspersión de agua en vez del acto penitencial, este gesto se omite.

Después, el obispo y la comitiva se dirigen al lugar en donde se reserva el Santísimo Sacramento, en donde el obispo se quita el solideo, y reza en silencio por unos momentos de rodillas. Luego, el obispo se levanta, hace una genuflexión y se dirige a la sacristía para revestirse.

