
Al hablar de las antífonas, mencionamos que se habían introducido en la misa para acompañar algún rito, como la de entrada, el de ofertorio y de la comunión. Esto puede llamar la atención, pues si se revisa cualquier formulario del Misal Romano solo aparecen las antífonas de entrada y de la comunión, pero no de ofertorio.
En el Misal antiguo sí existía esa antífona. Sin embargo, el Consejo para la aplicación de la Constitución Litúrgica (Consilium ad exsequendam Constitutionem Liturgicam) creado por san Pablo VI para hacer la reforma litúrgica, decidió suprimirla pues, en palabras de Bugnini, la presentación de los dones no tendría el mismo peso teológico como hasta ese momento, sino que se convertiría en un momento litúrgico mucho más breve entre la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística. De este modo, en el Misal de 1970 solo permanecieron las antífonas de entrada y comunión para ser recitadas.
Sin embargo, las antífonas del ofertorio no desaparecieron totalmente de la liturgia, pues por insistencia del sacerdote catalán Mons. Higinio Anglés, en el Graduale Romanum (y también en el Graduale Simplex) se conservaron. En cada una de las celebraciones que se encuentran en estos libros litúrgicos, a los que remite el Misal Romano, se puede ver su “antiphona ad offertorium”
