El Manual de liturgia

El Manual de liturgia

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El Misal Romano permite que se conserve la costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de la iglesia desde el V domingo de Cuaresma. Antiguamente esta era una norma obligatoria. Hoy es una costumbre potestativa, que se mantiene en algunos lugares por ser un símbolo catequético.

Cuando era obligatorio, se permitía llevar las imágenes descubiertas en las procesiones y exponer en la iglesia la Virgen Dolorosa con su Hijo muerto en los brazos el Jueves y Viernes Santo, así como que pudiera estar descubierta la Dolorosa en el altar el Viernes de Dolores.

La costumbre es cubrirlas con un velo morado o rojo (Congregación para el Culto Divino, Normas sobre la Semana Santa, n. 57). Anteriormente se cambiaba el velo de la cruz del altar mayor por uno blanco para las celebraciones del Jueves Santo.

 

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El crucifijo que sirve para la adoración a la cruz el Viernes Santo se descubre durante el inicio de este rito, mientras se canta el “Mirad el árbol de la cruz…”, si se elige esa opción. Si se elige el entrar en procesión con la cruz, se descubre antes. El resto de los crucifijos velados se descubren, conforme al Misal Romano, al concluir a Celebración de la Pasión del Señor.

Las otras imágenes se descubren, conforme al Misal Romano, al hasta el comienzo de la Vigilia Pascual. En muchos lugares la tradición es que se desvelen mientras se entona el Gloria.

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El crucifijo (velado o no) se retira del altar -si se encuentra ahí- terminando la Misa de la Cena del Señor el Jueves Santo.

Pero antes de las reformas de Pio XII, el crucifijo velado permanecía en el altar después de la Misa in Coena Domini hasta el inicio de la acción litúrgica del Viernes Santo, llamada entonces Misa de los Presantificados, pues era la cruz que se develaba para ser adorada.

Desde 1955 el crucifijo se retira en privado el Jueves Santo y vuelve siempre velado en una procesión el Viernes Santo para ser descubierto poco a poco antes de ser adorado.