
Antiguamente existían cuatro grandes centros litúrgicos: Roma, Constantinopla, Antioquía y Alejandría.
Cada uno de ellos se asoció a una basílica mayor de Roma: Antioquía con Santa María la Mayor; Alejandría con San Pablo; Constantinopla con san Pedro; y San Juan de Letrán con Roma. Por ello se les conocían como basílicas patriarcales. Sin embargo, cuando Benedicto XVI renunció al título de Patriarca de Occidente se les renombró como “basílicas papales”.
Por su vinculación con Constantinopla, en las antiguas misas celebradas por el Romano Pontífice en la basílica de San Pedro, bajo la modalidad de Capilla Papal, siempre asistían al pontífice un subdiácono y un diácono orientales, revestidos con ornamentos del rito bizantino.
En esas celebraciones la epístola se cantaba dos veces. En primer lugar, en latín, por el subdiácono latino. En segundo lugar, en griego, por el subdiácono de rito bizantino. Del mismo modo, el Evangelio era cantado por primera vez en latín por un cardenal-diácono y luego en griego por el diácono rito oriental. El Evangelio cantado en latín era acompañado por siete velas mientras que el Evangelio griego por dos.
Actualmente en algunas misas celebradas en la basílica vaticana, como Capilla Papal, uno de los diáconos es de rito oriental, quien viste ornamentos bizantinos, y se proclama el Evangelio en griego. Esto sucede, por ejemplo, el día de Pascua.

